“El pequeño monstruo gris”
Había una vez un pequeño niño llamado Thomas, quien se encontraba feliz porque en la tarde tendría el cumpleaños de su prima favorita Ana, y sobre todo porque ya se sentía mejor, ya que durante la semana estuvo enfermo y solo quería curarse para poder asistir a la gran fiesta. Mientras tomaba el desayuno, sentía un poco pesada su espalda, al comienzo pensó que era por haber dormido tanto, pero esa cosa pesada incluso parecía moverse. Su mamá no se encontraba y no había nadie más en casa para que vean que era lo que tenía, así que se le ocurrió agarrar un espejo y tratar de verse la espalda.
Fue corriendo al baño, tomó
un espejo del armario y buscó en su espalda la causa de tal molestia y abrió
bien grandes los ojos, al reflejarse un monstruo gris de un solo ojo, quien al
darse cuenta de que fue descubierto, levantó un tentáculo y lo saludo.
El niño comenzó a correr por
toda la casa muy asustado, se tiró al piso rodó muchas veces e incluso se dio
pequeños golpes en la espalda, pero al volver a verse en el espejo el monstruo
seguía ahí, parecía que no quería irse. Se sentó resignado y la criatura se
asomó en su hombro, ahora podía verlo con más claridad. No parecía agresivo, ni
grosero, ni siquiera se quejó cuando el pequeño trató de deshacerse de él, ¿Qué
era esa extraña criatura?
- Hola pequeña cosa, ¿Cómo te llamas?. Yo me llamo, Thomas.
No salía ni una sola
palabra, por lo que tal vez no sabía hablar. A Thomas no se le ocurrió una
mejor idea que ignorarlo, así tal vez se iría durante el día.
Hizo su tarea, limpio su
cuarto, se lavó los dientes pero la criatura seguía con él. En el momento de
jugar, cuando tomo su muñeco favorito, el monstruo saltó para unirse a él.
Ambos se pusieron a jugar con todos los juguetes e incluso le colocó ropa a su
nuevo amigo, ya que probablemente le agarraría frio después. A medida que
pasaba el tiempo, el pequeño monstruo parecía más y más agotado, parecía que
quería irse a dormir. Pensó en dormirlo en su cama, pero en ese momento, entró
su mamá y le pidió que rápido se cambiara, ya que tenían que salir al
cumpleaños de Ana. Thomas quien se sentía aún preocupado por su amigo, lo tomó
y decidió llevarlo con él.
En la casa de Ana, había tantos
globos y colores pero el pequeño no podía disfrutarlo, ya que su amigo no
parecía encontrarse bien. Su prima al verlo tan preocupado se acercó y le
preguntó qué le pasaba.
- Hoy apareció un monstruo conmigo pero ahora parece tan
cansado, ¡con lo mucho que nos divertimos!
La pequeña no parecía
entender a qué se refería, ella no podía ver ningún monstruo, hasta que se
acordó de uno que apareció cuando ella se cayó de su cama, lastimándose la
pierna. Corrió a su habitación y trajo un enorme libro que mostraban diferentes
monstruos. Los chiquitos eran grises, los medianos azules y los más grandes
rojos, ellos aparecen cuando nos sentimos tristes, estamos estresados o incluso
enfermos y el remedio para combatirlos sólo era uno, cuidar nuestra salud.
Cuando sentimos que los monstruos pesan demasiado, tenemos que ir al médico,
quien se encargará de ayudar a que eso no siga sucediendo. Escuchándonos,
recetándonos medicamentos o dándonos consejos. El libro también explicaba lo
que más preocupaba al pequeño, cuando el monstruo quiere ir a dormir solo
significa que nos sentimos muy bien, por lo tanto necesita descansar. Thomas
entendió todo, así que corrió a su casa y en una caja, dejo acostado a su
monstruo quien ya no habría más los ojos. Se despidió de él y volvió a la
fiesta.
Sabía que ese monstruo no
desaparecería y era probable que vuelva a despertar, pero mientras se
encontrará muy saludable podía dejarlo descansar.
Autoras: Gomez Mayra y Paz Tamara
Aprobado
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